¿Este artículo es una recomendación de inversión?
No. Es una reflexión sobre cómo leer las rentabilidades de un mercado emergente. Ninguna decisión de inversión debería tomarse a partir de un artículo, y menos aún en activos de alta volatilidad.
Jesús Solaz, sobre mercados emergentes y riesgo
Cada cierto tiempo un mercado emergente sube tanto que llega a los titulares y aparece la misma frase: «qué pena no haber entrado antes». Casi siempre esa frase esconde una confusión entre precio y valor.
Cuando el índice de referencia de la bolsa argentina encadenó su gran ciclo alcista tras el cambio de gobierno, la conversación se llenó de porcentajes de tres cifras y de una sensación conocida: la de haber llegado tarde a algo.
Merece la pena parar en lo que esas cifras miden de verdad, porque casi nunca es lo que parece.
Es la pregunta que se salta la mayoría de los titulares y la que cambia el resultado entero. Un índice puede revalorizarse muchísimo en moneda local mientras esa moneda pierde valor frente al dólar o al euro a un ritmo parecido.
Para alguien que ahorra en euros, la rentabilidad real es la que queda después de convertir. En economías con inflación alta, buena parte de la subida nominal de la bolsa no es creación de valor: es simplemente el precio corrigiendo la pérdida de poder adquisitivo de la moneda en la que está denominado.
Una bolsa que sube el 150% en una moneda que se ha depreciado el 140% no ha subido: ha sobrevivido.
Cuando un mercado emergente se dispara tras un cambio político, lo que sube no son los beneficios de las empresas —esos tardan trimestres o años en moverse—. Lo que sube es la expectativa. El mercado está poniendo precio a la probabilidad de que las reglas del juego cambien y se mantengan.
Eso es literalmente comprar confianza. Y la confianza tiene una propiedad incómoda: se construye despacio y se destruye en una tarde. Es el activo más volátil que existe.
Los activos de un país no cotizan con descuento por casualidad. Cotizan con descuento porque el mercado ha aprendido, a base de golpes, que ahí pueden pasar cosas: controles de cambio que impiden sacar el dinero, impuestos retroactivos, reestructuraciones de deuda, cambios de gobierno que revierten al anterior.
El descuento no es una oportunidad regalada: es el precio del riesgo. Quien compra barato está cobrando por asumir ese riesgo, no descubriendo un fallo del mercado.
| Índice de un emergente en ciclo | Índice global consolidado | |
|---|---|---|
| Rentabilidad titular | Espectacular | Moderada |
| Volatilidad | Muy alta | Media |
| Riesgo de divisa | Determinante | Bajo o cubrible |
| Riesgo político | Alto y no diversificable | Bajo |
| Liquidez para salir | Puede desaparecer | Prácticamente siempre |
Comparar el rendimiento de los dos sin ajustar por esas cinco filas es comparar el sprint de un velocista con la marcha de un maratoniano: los números no hablan de lo mismo.
Jesús Solaz saca de esto una conclusión que le vale igual para los mercados y para los negocios: la confianza es un activo real, medible y frágil. Un país que la recupera ve reprecirse todo lo que tiene. Un proveedor que la pierde con un cliente lo pierde entero, aunque su producto siga siendo el mismo.
La diferencia es que en un negocio pequeño la confianza se construye una factura y un plazo cumplido a la vez, sin índice que la mida. Y se destruye exactamente igual de rápido.
Aviso: este texto es una reflexión personal sobre cómo leer rentabilidades, no asesoramiento financiero. Los mercados emergentes son activos de alto riesgo y las rentabilidades pasadas no garantizan nada.
No. Es una reflexión sobre cómo leer las rentabilidades de un mercado emergente. Ninguna decisión de inversión debería tomarse a partir de un artículo, y menos aún en activos de alta volatilidad.
Porque una bolsa puede subir un 150% en moneda local mientras esa moneda se deprecia otro tanto frente al dólar. El inversor extranjero mide en su divisa, no en la local, y ahí la cifra puede quedarse en nada o en pérdidas.
Jesús Solaz
Empresario tecnológico y creador de software