No basta con estar en contra de algo; la verdadera postura ética exige estar a favor de algo mejor.La mentira de la Multiple Verdad
Vivimos en un mundo que muchos califican de cruel, pero que en el fondo es justo. Aunque existan intentos constantes por nublar la realidad y modificar las apariencias, la verdad permanece: es una sola en cada tiempo, a veces cristalina y otras veces compleja.
Quizás uno de los mayores engaños de la condición humana ha sido la confusión sembrada a través del dolor y el placer. Nos han hecho dudar del bien y del mal porque, ¿cómo diferenciamos el camino correcto cuando el bien duele y el mal genera placer? ¿Es justo sufrir por una buena decisión? ¿Sigue siendo una decisión "buena" si implica dolor? Estas dudas han doblegado la voluntad del hombre durante siglos, y es ahí donde debemos dar la batalla.
Contrario a lo que dicta el sentimentalismo moderno, el bien y el mal se diferencian de forma sencilla: a través de lo que vemos, no de lo que sentimos. Para discernir el camino correcto en un mundo crudo, se requiere dureza y una saludable pasividad frente a nuestras propias emociones, algo que los estoicos comprendieron a la perfección.
Por eso admiramos al héroe que se sacrifica por el conocimiento o por la salvación de los demás. Sabemos que eligió el buen camino, aunque ese camino fuera letal para su propia autoconservación.
Entender el sufrimiento es la gran batalla de la humanidad. En su forma más básica, el sufrimiento es el combustible más potente que existe —después del miedo y del amor— para generar transformación.
A veces, nuestro dolor no busca transformarnos a nosotros, sino a quienes nos rodean, o sirve como freno para una degradación grupal impulsada por la adicción al placer. ¿Es justo el sufrimiento? Técnicamente, sí. Es el costo del esfuerzo y una de las "monedas" de la vida.
Si el cambio no implicara sacrificio, el ser humano modificaría el ecosistema y la moral a su antojo, generando un caos absoluto. El sufrimiento equilibra la balanza entre lo que deseamos y lo que realmente logramos. Como dice una vieja regla de negociación: una buena mesa es aquella donde ambas partes se retiran con la sensación de haber cedido algo. El sufrimiento es, en última instancia, el garante de que nuestras acciones tengan un peso real en la realidad.