Hace unos días tomé una decisión firme que llevaba tiempo madurando en mi cabeza: dejar de lado, de forma temporal, la práctica totalidad de mis redes sociales, con una única y estratégica excepción: YouTube.
He decidido dar este paso para poder centrarme de manera mucho más profunda, honesta y consciente en mi propia vida, en mi trayectoria profesional y, sobre todo, en el tipo de valor real que verdaderamente quiero transmitir al mundo. A partir de este momento, mi propósito es canalizar toda esa energía a través de mi canal de vídeo y de este sitio web, jesussolaz.es, que desde hoy se convierte oficialmente en mi cuartel general y espacio principal de comunicación.
Este movimiento representa un hito importante en mi maduración digital. Llevo años planteándome la idea de abandonar, o al menos distanciarme críticamente de plataformas como Instagram, Facebook, TikTok y otros entornos similares basados en el impacto efímero. Sin embargo, como nos ocurre a casi todos, nunca terminaba de dar el salto definitivo.
Existía una barrera invisible construida, en parte, por ese miedo inconsciente al "qué dirán" de la psicología social digital y, en otra parte, por la incertidumbre de no saber siquiera qué rumbo tomarían mis interacciones. Hoy, afortunadamente, siento que he alcanzado la claridad mental y la fuerza técnica necesarias para ejecutar este cambio con una convicción absoluta.
Las redes sociales tradicionales son, indiscutiblemente, un gran altavoz, pero el peaje que cobran a cambio es sumamente elevado: ocupan un espacio mental masivo. Son entornos diseñados para la microdistracción que exigen un tributo constante en forma de tiempo, atención sostenida, refinamiento estético superficial y una adaptación agónica y continua a unos algoritmos que cambian las reglas del juego cada semana.
Intentar mantener una presencia omnipresente en diez plataformas distintas suele ser una receta directa hacia la dispersión. Estoy completamente convencido de que enfocar todos mis recursos en una sola red social, pero trabajada con minuciosidad y profundidad, será infinitamente más potente para mi carrera y mi marca personal que dispersar mi energía en publicaciones vacías, sin coherencia, sin consistencia y sin una frecuencia de publicación que aporte un valor real a quienes me siguen.
He seleccionado YouTube como mi único canal externo porque considero que, dentro del caos de la economía de la atención, es la plataforma más fiable, democrática y meritocrática que existe. En YouTube, el éxito a largo plazo no depende de un baile de quince segundos o de un golpe de suerte con un audio en tendencia; se construye a base de trabajo estructurado, constancia, guionización y aportación de valor real. Es un buscador (el segundo más grande del mundo después de Google), lo que significa que el contenido de calidad que creas hoy sigue siendo útil, indexable y consumido por los usuarios meses o incluso años después de haber sido publicado.
Por otro lado, la elección de potenciar mi propia web corporativa responde a mi naturaleza profesional: soy informático y entiendo a la perfección el descomunal potencial que esconde un dominio propio. Depender exclusivamente de redes sociales de terceros significa construir tu casa en un terreno alquilado; si la plataforma decide cambiar sus políticas o cerrar tu cuenta, pierdes tu comunidad de la noche a la mañana.
Un sitio web independiente es el equivalente a la soberanía digital:
El resto de mis perfiles sociales entran, desde este instante, en una fase de pausa indefinida. Este alejamiento no nace desde el rencor, el rechazo o la tecnofobia; al contrario, surge desde el profundo respeto que tengo por mi propio tiempo y por el tuyo. Pauso las redes para poder ofrecer más calidad, más foco, más profundidad y una intención mucho más limpia tanto en mis vídeos de YouTube como en el contenido escrito que dé vida a esta web.
Gracias de corazón por acompañarme al otro lado de la pantalla en este nuevo rumbo. Esto es, sin lugar a dudas, solo el principio de un camino apasionante.