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Portada del artículo De Valencia al Vergel: una Semana Santa sin plan

Jesús Solaz, sobre viajes por la costa valenciana

14 de abril de 2022 Bitácora 2 min de lectura

De Valencia al Vergel: una Semana Santa sin plan

Los viajes mejor planificados suelen ser los peor recordados. Este no tuvo itinerario, ni reservas, ni horario, y por eso se recuerda.

Semana Santa de 2022. La idea original era sencilla y bastante mala: salir de Valencia hacia el sur y ver hasta dónde daba el día. El Verger, en la Marina Alta, apareció por acumulación de desvíos, no por decisión.

La carretera de la costa contra la autopista

Entre Valencia y la Marina hay dos formas de ir. Por la autopista se tarda poco más de una hora y no se ve nada. Por la costa se tarda el doble y se atraviesa la Ribera, la Safor y media Marina: arrozales, naranjos, pueblos con casino y horchatería, el Montgó al fondo cuando ya llevas rato.

La segunda opción tiene un problema evidente —el tiempo— y una ventaja que compensa: los sitios donde acabas parando no estaban en ninguna lista. Ese bar del arcén con seis coches aparcados fuera un jueves a la una es información más fiable que cualquier reseña.

El arroz como institución

Conviene decirlo con precisión, porque en esta tierra importa: paella es el nombre del recipiente, y por extensión de una receta muy concreta. Casi todo lo demás es «arroz». Arroz del senyoret, arroz a banda, arroz al horno, arroz con bogavante que no es de aquí pero se ha quedado.

La regla práctica que aprende cualquiera que recorra esta costa es simple: desconfía del sitio que ofrece paella a todas horas. El arroz se hace por encargo y se come a mediodía. Un local que lo sirve a las siete de la tarde en veinte minutos está calentando algo.

Los mejores sitios de esta costa no tienen carta plastificada ni cuenta en redes. Tienen una pizarra y un aparcamiento lleno de furgonetas a la hora de comer.

El Verger y la Marina Alta

El Verger es un pueblo pequeño de la Marina Alta, tierra adentro pero a un paso de Dénia y de Els Poblets. No es un destino turístico y precisamente por eso funciona: se puede aparcar, se puede comer sin reserva y nadie te habla en tres idiomas antes de saludarte.

La zona tiene una mezcla peculiar. A pocos kilómetros hay urbanizaciones enteras de residentes del norte de Europa y, a la vez, pueblos donde la vida sigue girando alrededor de la plaza y el horno. Las dos cosas conviven sin mezclarse mucho.

En defensa del plan que no existe

Hay una manera de viajar que consiste en optimizar: reservar con meses, encadenar visitas, cronometrar. Produce viajes eficientes y sorprendentemente olvidables, porque no ha ocurrido nada que no estuviera previsto.

La alternativa es aceptar perder tiempo. Parar donde no tocaba, equivocarse de salida, descubrir que el sitio que buscabas está cerrado y acabar en otro mejor. Se ve menos y se recuerda más.

Jesús Solaz aplica la misma idea a los proyectos: un plan demasiado cerrado no deja sitio para lo que aún no sabes. Ni en un viaje ni en un negocio conviene tenerlo todo decidido antes de empezar.

Jesús Solaz

Jesús Solaz

Empresario tecnológico y creador de software