Acabo de ver Madame Web en Netflix y, para mi sorpresa, me ha parecido una película notable. Debo admitir que la estuve posponiendo; tras los últimos estrenos de Marvel, temía encontrarme con una producción cargada de clichés o una agenda impuesta "con calzador" al estilo Disney. Sin embargo, nada más lejos de la realidad.
He disfrutado de una película equilibrada, con una progresión sólida del personaje de Cassandra Webb y un villano funcional. No necesitó de amenazas cósmicas como Thanos ni de multiversos caóticos para funcionar. Para mí, la película merece actualmente 5 estrellas, aunque siendo objetivos y comparándola con el inicio del UCM (como las primeras de Iron Man o Capitán América), podría asentarse en unas sólidas 4 estrellas.
Esta cinta demuestra que no hace falta un villano todopoderoso para construir una buena historia; basta con un guion coherente. Antes de la llegada de Los Vengadores, el cine de superhéroes era precisamente esto: un héroe, un villano, una evolución personal y una victoria sobre el mal. Esa fórmula clásica era suficiente entonces, y para muchos de nosotros, sigue siendo suficiente ahora.
Tras el éxito de colosos como Iron Man (2008), que recaudó 585 millones con un presupuesto de 140, o Los Vengadores (2012), con 1.520 millones de recaudación, parece que cualquier película que no multiplique por cinco su inversión es tildada de fracaso. Es una visión injusta que no tiene en cuenta el cambio de paradigma.
La asistencia a las salas de cine ha caído aproximadamente un 31% entre 2015 y 2025. Si Madame Web se hubiera estrenado hace una década, en pleno auge del género y con mayor afluencia de público, sus cifras habrían sido drásticamente distintas. Con la inercia positiva de aquel entonces, no sería extraño que hubiera superado los 130 millones de dólares fácilmente.
La realidad es compleja. A nivel de calidad artística, dio lo mejor de sí misma y cumplió con creces. Sin embargo, los números en 2026 cuentan otra historia. La película recaudó 100,5 millones de dólares sobre un coste de producción de 80 millones.
Si analizamos fríamente los datos:
Aunque como espectador me gustaría ser optimista, desde una perspectiva empresarial el resultado es agridulce. Obtener una rentabilidad anual del 5-6% en una inversión de tan alto riesgo como es el cine —donde además hay que descontar gastos de marketing y el porcentaje que se quedan las salas— no resulta atractivo para los grandes estudios.
Madame Web es una buena película que cumple su promesa narrativa, pero ha tenido la mala suerte de nacer en una industria que ya no premia la "normalidad", sino que solo sobrevive a base de eventos históricos o blockbusters imposibles.